{"id":95548,"date":"2026-07-31T12:01:57","date_gmt":"2026-07-31T10:01:57","guid":{"rendered":"https:\/\/centcols.org\/?p=95548"},"modified":"2026-08-03T16:40:20","modified_gmt":"2026-08-03T14:40:20","slug":"mi-primer-paris-brest-paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/centcols.org\/es\/mon-premier-paris-brest-paris\/","title":{"rendered":"Mi primer PAR\u00cdS-BREST-PAR\u00cdS"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-constrained wp-block-column-is-layout-constrained\" style=\"flex-basis:550px\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De Gilles Bodin, CCC 3091<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left wp-block-paragraph\">Mi deseo de participar en la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds no era nada nuevo. Recuerdo aquellas noches en las que Roger Outrequin y pap\u00e1 hablaban, sin cansarse, hasta bien entrada la noche, de fant\u00e1sticas rutas de senderismo y, por supuesto, de la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds. \u00bfCu\u00e1ntas veces le pregunt\u00e9 despu\u00e9s a pap\u00e1 por sus experiencias?<br>\u00bfCu\u00e1ntas veces me han llamado la atenci\u00f3n los relatos de los dem\u00e1s miembros del C.T.P. en las reuniones del club? Est\u00e1 claro que esta ruta nos aporta a todos algo m\u00e1s que kil\u00f3metros.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-vertically-aligned-center is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"224\" height=\"299\" src=\"https:\/\/centcols.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Gilles-Bodin-Mon-1er-PBP-edited.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-95934\" srcset=\"https:\/\/centcols.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Gilles-Bodin-Mon-1er-PBP-edited.jpg 224w, https:\/\/centcols.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Gilles-Bodin-Mon-1er-PBP-edited-9x12.jpg 9w\" sizes=\"auto, (max-width: 224px) 100vw, 224px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1987, estuve a punto de probar la experiencia: dos 200, un 300 y luego un 400, que durante mucho tiempo seguir\u00eda siendo mi distancia m\u00e1s larga y mi mejor recuerdo de una salida en Sologne con siete C.T.P. Despu\u00e9s, sin mucha motivaci\u00f3n, tom\u00e9 la salida de una 600 bajo la lluvia, en la que se me hab\u00eda prohibido participar en la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds por culpa de un jefe de servicio abusivo, y fui demasiado t\u00edmido para rebelarme contra ello.<br>En Soissons, aunque \u00edbamos adelantados, Jo\u00ebl y yo dimos media vuelta. Thierry nos sigui\u00f3 poco despu\u00e9s y, sin saberlo, provocamos que Bob, que nos estaba esperando, tuviera que quedarse atr\u00e1s. De aquel asunto me qued\u00e9 con un sentimiento de culpa y amargura. Despu\u00e9s, mis estudios y mi incorporaci\u00f3n al mundo laboral ya no me permitieron volver a hablar de la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Han pasado once a\u00f1os<\/h2>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, cuando a finales de 1998 descubr\u00ed el calendario \u00ab\u00bfAd\u00f3nde iremos?\u00bb, decid\u00ed hacer todo lo posible esta vez para \u00abestar all\u00ed\u00bb. Hay que reconocer que plantearse recorrer 1.200 kil\u00f3metros en menos de 90 horas resulta muy dif\u00edcil para un principiante. Los relatos de los dem\u00e1s, por muy valiosos que sean, apenas dan una idea de las propias capacidades. Y no hay una respuesta \u00fanica a las preguntas que, sin duda, surgen: \u00bfc\u00f3mo entrenarse? \u00bfQu\u00e9 distancia hay que haber recorrido? \u00bfCu\u00e1ndo dormir? \u00bfQu\u00e9 hacer si el viento es desfavorable? \u00bfY si voy solo?<br>A mediados de enero, tras publicar mi calendario de pruebas clasificatorias, me enfrent\u00e9 a las inclemencias invernales de las carreteras de Picard\u00eda.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, semana tras semana, casi siempre solo, me quejaba del viento cortante y del mal tiempo. Sin embargo, una voz me dec\u00eda: \u00abTe est\u00e1s preparando para la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds\u00bb. Salida tras salida, intentaba poner en pr\u00e1ctica mis convicciones en materia de entrenamiento: segu\u00eda una progresi\u00f3n por etapas; a una salida larga a velocidad moderada le segu\u00eda una salida de la misma distancia, pero m\u00e1s r\u00e1pida; y a esta, si el estado f\u00edsico al llegar al final era satisfactorio, le segu\u00eda otra salida m\u00e1s larga y de nuevo a menor velocidad. Tambi\u00e9n me esforzaba por mantener una hidrataci\u00f3n y una alimentaci\u00f3n cuidadosas y regulares, as\u00ed como por hacer paradas breves.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La \u00e9poca de los ex\u00e1menes de acceso<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 28 de marzo, en Versalles, me reun\u00ed con Bernard y St\u00e9phane, que iban en t\u00e1ndem, y con Daniel para la prueba de 200 \u00abrandonneur\u00bb. Hac\u00eda diez d\u00edas que no montaba en bici. No obstante, fueron nueve horas de ruta muy agradables en compa\u00f1\u00eda de ciclistas experimentados. Tras pasar un fin de semana en t\u00e1ndem con Marie-Laure, un mes m\u00e1s tarde prob\u00e9 a rodar de noche. Solo, a las tres de la madrugada en la regi\u00f3n de Brie, en la Champa\u00f1a, encend\u00ed mis linternas de 1987, junto con una iluminaci\u00f3n auxiliar totalmente nueva. Pas\u00e9 el resto de la noche con un ciclista solitario de Noyon y luego parte de la ma\u00f1ana con otro. Nos controlamos en los comercios o mediante postales. En el camino de vuelta, con viento en contra, los tres nos volvimos a encontrar cuando nos cruzamos con los C.T.P. que hab\u00edan venido a mi encuentro para animarme. Lo cierto es que esta prueba de 300 habr\u00e1 sido la m\u00e1s dura de las pruebas de calificaci\u00f3n: una noche de sue\u00f1o escaso, mucho viento y fr\u00edo, y 14 horas y 20 minutos de ruta. Siguiendo en t\u00e1ndem, ocho d\u00edas m\u00e1s tarde, \u00e9ramos siete miembros del C.T.P. en la Costa Azul y en el interior. Organizamos un viaje itinerante de setecientos kil\u00f3metros, lleno de cols y propicio para los descubrimientos, el tercero de este tipo, durante las vacaciones de Semana Santa. Hab\u00eda pasado un mes desde la 300 cuando tom\u00e9 la salida de la 400 en los alrededores de Par\u00eds. Como siempre, me tom\u00e9 diez d\u00edas de descanso. Salvo los primeros kil\u00f3metros, iba a pedalear constantemente solo. Algo que podr\u00eda haberme salido caro. De hecho, pincho en plena noche a la salida de Rambouillet, \u00a1y me doy cuenta de que me he olvidado la bomba! Por suerte, a duras penas y pedaleando de pie, consigo llegar treinta kil\u00f3metros m\u00e1s adelante a un albergue abierto donde un antiguo ciclista, entre risas, me echa una mano. Al amanecer, invadido de repente por el sue\u00f1o, me detengo enseguida y me siento al pie de un \u00e1rbol. Duermo apenas diez minutos, y me despierta el paso del primer coche. Con las fuerzas renovadas, vuelvo a ponerme en marcha de inmediato. A las 20:50 horas tras mi salida, llego a la meta. Fiel a mi programa, sigo con el entrenamiento semanal. Aprovechando un fin de semana de BTT en los Vosgos, alargo la etapa en bicicleta de ruta. Diez d\u00edas antes de la 600, me permit\u00ed recorrer 250 kil\u00f3metros en solitario a buen ritmo, y luego descans\u00e9. Pap\u00e1 me hab\u00eda acompa\u00f1ado a la salida y me reencontr\u00e9 con los amigos de la 200. Otros reencuentros: la de Bernard Faucheux, a quien mi padre y yo hab\u00edamos ido a recoger hace muchos a\u00f1os junto con su compa\u00f1ero Pierre Gros a su llegada de su primer Par\u00eds-Brest-Par\u00eds, y la de Lourdet, compa\u00f1ero de mi padre en el Par\u00eds-Brest-Par\u00eds de 1961 y que tambi\u00e9n estaba en la salida ese d\u00eda. El t\u00e1ndem de Bernard y St\u00e9phane nos lleva a buen ritmo. Mis compa\u00f1eros conocen la ruta y saben lo que hacen. Recorremos parte del itinerario de la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds, lo que nos resultar\u00e1 muy \u00fatil dos meses m\u00e1s tarde. Giramos en Saint-Hilaire-du-Harcou\u00ebt para ir a comer a Loupfoug\u00e8res en plena noche, en el 381.<sup>e<\/sup> kil\u00f3metro. El organizador se encarg\u00f3 de preparar la mesa. La noche transcurri\u00f3 a buen ritmo, y de ella saqu\u00e9 una nueva lecci\u00f3n. El amanecer me pill\u00f3, una vez m\u00e1s, adormilado, pero all\u00ed estaban mis amigos para charlar un rato conmigo. La llegada fue alegre. Bernard me dijo: \u00abTe has ganado el derecho a inscribirte en la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds\u00bb. Tambi\u00e9n me llev\u00e9 el recuerdo de unos magn\u00edficos 600 en 31 horas y 05 minutos y, a d\u00eda de hoy, 4.250 kil\u00f3metros recorridos desde el 1 de enero. La primera semana de julio suele estar reservada para una escapada en t\u00e1ndem en pareja. Esta vez elegimos los Alpes: Belledonne, Chartreuse, Aravis y la vuelta al Mont-Blanc, que combinan esfuerzo de larga duraci\u00f3n, altitud y paisajes grandiosos. A finales de julio y principios de agosto, el club se re\u00fane en Corr\u00e8ze y cada d\u00eda salgo solo a dar una vuelta de unas horas para acumular kil\u00f3metros a buen ritmo. El 12 de agosto, quedo con la familia para un picnic al norte de Laon. Al final del d\u00eda, con esa excusa, he recorrido 260 kil\u00f3metros a una media de 25 km\/h. Quedan doce d\u00edas para la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds y empiezo a dar vueltas en c\u00edrculo. El 19 de agosto me conformar\u00e9 con 65 kil\u00f3metros a buen ritmo para poner las piernas en marcha.<br>El domingo 22 de agosto me dirijo a Saint-Quentin-en-Yvelines, al punto de salida, para la revisi\u00f3n obligatoria de mi bicicleta y para recoger mi tarjeta de ruta. El ambiente es muy animado, todo el mundo habla sin parar y se nota un poco de emoci\u00f3n en el aire. Es una oportunidad para que cada uno se reencuentre con muchos conocidos que han venido a inscribirse o a participar en esta enorme organizaci\u00f3n, o simplemente a disfrutar del ambiente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Inicio<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me paso el lunes revisando mi bicicleta y subo el sill\u00edn un mil\u00edmetro. Selecciono mi equipaje y, a prop\u00f3sito, solo me quedo con la alforja del manillar. Me llevo unos culotes, calcetines y un maillot de recambio. Llevo puesto lo mismo, adem\u00e1s de un jersey t\u00e9rmico, un jersey de forro polar y un cortavientos fluorescente para la salida nocturna. Estas tres prendas las guardar\u00e9 despu\u00e9s en la alforja o la colgar\u00e9 de ella. Tambi\u00e9n llevo dos c\u00e1maras de aire de repuesto, algunas herramientas, una maquinilla de afeitar con pilas nuevas que puedo usar como luz, un cepillo de dientes recortado, un poco de pasta de dientes, una pastilla de jab\u00f3n de hotel, medio tubo de crema cicatrizante, medio tubo de crema antiinflamatoria, una cuchara, un cuchillo, un mapa de carreteras con el recorrido marcado en fluorescente \u2014que me servir\u00e1 de poco\u2014, muchas gominolas y aperitivos variados, y una barrita energ\u00e9tica Overstim.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por fin ha llegado el momento de la salida. Pap\u00e1 me ha llevado a Saint-Quentin tras una buena noche de sue\u00f1o. Robert Lepertel lo ha contratado para vigilar la salida del estadio. Son las 4:45 cuando los t\u00e1ndems parten entre un gran estruendo de bocinas; \u00a1Buen viaje a Bernard y St\u00e9phane! Todos estamos api\u00f1ados detr\u00e1s de la verja, fingiendo estar relajados. Pasan quince largos minutos. Y entonces: \u00a1nos toca a nosotros! Solo cien metros; Robert Lepertel da sus recomendaciones y se comprueban las luces. Un toque de bocina, adi\u00f3s a pap\u00e1, y all\u00e1 voy. Los cruces est\u00e1n vigilados y unos coches nos abren paso. En la noche, unos y otros se adelantan y se vuelven a adelantar. Ya se va r\u00e1pido. Decido seguirles para no perderme ni perder tiempo en los cruces. Se oyen las exclamaciones entusiastas de los anglosajones. Los franceses tambi\u00e9n est\u00e1n ah\u00ed, lo dicen cuando se les pregunta, pero luego vuelven a sumirse en su silencio. En los badenes, a la entrada de un puente, esquivo una antorcha que rueda, luego un bid\u00f3n y, a continuaci\u00f3n, otra luz. Ahora se han formado dos pelotones a poca distancia el uno del otro. Voy cerrando la marcha del segundo. Amanece, nuestros coches piloto se apartan y nos desean buen viaje. El ritmo sigue siendo muy alto. Pierre Gros, un veterano del club, se pregunta conmigo si este ritmo es razonable. De todos modos, si fu\u00e9ramos razonables, \u00a1quiz\u00e1 no estar\u00edamos aqu\u00ed! Hacia el kil\u00f3metro 100 me encuentro de nuevo con el t\u00e1ndem de Bernard y St\u00e9phane, que no se atreven a seguir por las carreteras estrechas. Un poco m\u00e1s adelante me detengo. Finalmente llegamos juntos a las 10:10 a Mortagne, donde almorzamos en la cafeter\u00eda. El trayecto por la Sarthe es mon\u00f3tono. Empieza a hacer calor y se forman y se disuelven grupos de forma irregular. Desde el Perche, los vecinos a lo largo de la carretera nos animan; los pueblos han engalanado sus entradas. Pedaleo un rato en compa\u00f1\u00eda de canadienses, noruegos, australianos y un estadounidense. En Villaines, a las 13:35, voy a comer al autoservicio, muy bien cuidado y organizado, cuando llega el t\u00e1ndem. Se reunir\u00e1 con su coche de asistencia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Amistad y apoyo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la salida de Villaines, alguien me llama: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tal, chico?\u00bb; es Gilbert Duch\u00eane, con quien recorro unos kil\u00f3metros por una carretera ba\u00f1ada por el sol y bastante desierta. La ola de calor se ha instalado y me esfuerzo por hidratarme con cuidado. Sin embargo, sigo pedaleando a buen ritmo y noto que mi temperatura sigue subiendo a pesar de todo. Veo un puesto de zumos y \u00e9clairs de chocolate en la terraza de una cafeter\u00eda muy concurrida de Goron. A lo largo de todo el camino, los vecinos nos ofrecen agua. Aprovecho la oferta de uno de ellos, pero cometo el error de no mojarme la gorra. Un poco m\u00e1s adelante, recojo un m\u00f3vil que no tardo en devolver a su due\u00f1o, que llega en sentido contrario unos kil\u00f3metros m\u00e1s all\u00e1, sin aliento, y me saluda en ingl\u00e9s. En Foug\u00e8res, al parecer, ya hay muchos abandonos. En cualquier caso, en el recinto del control, abundan las bicicletas con placas rojas o verdes en el cuadro, correspondientes a las salidas de las 20:00 y las 22:00 horas. Daniel llega justo cuando termino mi collation. Me propone seguir juntos. Pero 40 kil\u00f3metros m\u00e1s adelante vuelvo a tener mucho calor y temo que me d\u00e9 un golpe de calor. Le ruego a Daniel que siga adelante y me concedo unos minutos breves pero deliciosos tumbado en la hierba fresca, verde y a la sombra. Retomo el camino completamente revitalizado. Cae la noche sobre el punto de control de Tint\u00e9niac cuando me re\u00fano, con mi bandeja de comida, con mi amigo Daniel, que acaba de sentarse. Estaba preocupado por m\u00ed. \u00abEl t\u00e1ndem va por delante\u00bb, me dice. Mi compa\u00f1ero de bicicleta, que habla por el m\u00f3vil, llega y apenas tiene apetito. Yo como con buen apetito, cosa que no ocurre con Daniel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 c\u00f3mo, pero al salir de Tint\u00e9niac hemos formado un peque\u00f1o grupo. Daniel charla con otro ciclista experimentado. El hombre que habla por tel\u00e9fono y yo, ambos novatos, disfrutamos de las descripciones de los paisajes y los relieves que nos esperan que nos dan nuestros dos veteranos. As\u00ed subimos la temible cuesta de B\u00e9cherel. Luego, los kil\u00f3metros nocturnos van pasando, siempre acompa\u00f1ados de conversaciones. En Saint-M\u00e9en-le-Grand, decidimos tomarnos un caf\u00e9 frente a la fachada iluminada del ayuntamiento, para gran sorpresa de los turistas de paso. A continuaci\u00f3n, nos esperan kil\u00f3metros m\u00e1gicos. En plena noche, los habitantes del campo han salido y nos ofrecen bebidas y pasteles delante de sus puertas. M\u00e1s adelante, una multitud de ciclistas duerme en los campos junto a sus bicicletas, cuyas luces rojas dejan encendidas para que se les pueda localizar. Hasta Loud\u00e9ac, en una noche templada, se respira la misma atm\u00f3sfera irreal de campamento, acogida y \u00e1nimos. A esto se suma pronto el cruce con los primeros participantes que regresan, que salieron nueve horas antes que nosotros. Primero dos aislados y luego un grupo bastante numeroso justo detr\u00e1s; no se entretienen, nos llevan 360 kil\u00f3metros de ventaja.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Loud\u00e9ac de noche<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El control de Loud\u00e9ac es una gran fiesta popular. All\u00ed se concentran un n\u00famero considerable de ciclistas de todas las categor\u00edas. Un n\u00famero impresionante de acompa\u00f1antes, que esperan a sus favoritos, forman una valla a la entrada del recinto. Cuesta mucho encontrar un sitio donde dejar la bicicleta; casi hay un tumulto para comprobar la tarjeta de ruta y la tarjeta magn\u00e9tica. El restaurante de autoservicio est\u00e1 abarrotado. La carpa de salchichas merguez, situada justo en el centro, no para un momento. Cerca de un dormitorio improvisado en un gimnasio, los ciclistas se duchan con una manguera de jard\u00edn ante la indiferencia general. Bajo un patio cubierto, decenas de maletas esperan a sus due\u00f1os. Reina una actividad fren\u00e9tica, aunque en silencio. En el c\u00e9sped de este instituto, un gran n\u00famero de ciclistas duermen en fila india bajo mantas de supervivencia; una imagen irresistible: \u00abdespu\u00e9s de la batalla\u00bb. Daniel quiere dormir un poco. No me hace mucha gracia, ten\u00eda pensado pasar de Brest y dormir solo una noche, pero larga. \u00c9l me hace ver que los kil\u00f3metros que nos quedan ser\u00e1n muy accidentados y sinuosos. No me hace mucha gracia pasar la noche y luego el amanecer solo en un terreno dif\u00edcil y, hasta ahora, no vamos retrasados. Me dejo convencer. Negociamos nuestros colchones por dos horas. Delante de nosotros, un alem\u00e1n al que el encargado se empe\u00f1a en hablarle en un ingl\u00e9s que no entiende consigue, con nuestra ayuda, una cama tambi\u00e9n. Nos llevan a la luz de una linterna, entre colchones y durmientes, hasta el otro extremo del gimnasio. Duermo bastante mal, pero me ir\u00e9 m\u00e1s descansado de lo previsto. Despertos y listos a primera hora, nos lanzamos a la noche. La carretera es sinuosa y tremendamente accidentada. Daniel hace de gu\u00eda perfecto, anticip\u00e1ndose a todas mis dificultades de orientaci\u00f3n. Alcanzamos y adelantamos a un gran n\u00famero de ciclistas. Hay que decir que los que dorm\u00edan en la hierba eran muchos menos cuando nos despertamos en Loud\u00e9ac. En sentido contrario, los ciclistas son escasos. Atravesamos pueblos animados donde los hoteles han permanecido abiertos toda la noche. En Corlay, salimos de este laberinto y nos encontramos con un control secreto muy concurrido. Almorzamos en una cafeter\u00eda que acaba de abrir. Enfrente, el panadero est\u00e1 en su obrador; debe de haber cerrado, ya que no le queda mercanc\u00eda que vender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora tomamos una de esas modernas carreteras de desv\u00edo que son poco habituales en la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds. El amanecer es gris y h\u00famedo, la carretera est\u00e1 mojada. Cada vez nos cruzan m\u00e1s ciclistas que regresan. En las peque\u00f1as carreteras bordeadas de matorrales de Ma\u00ebl-Carhaix llueve. El nombre de esta localidad es enga\u00f1oso y nos hace esperar con impaciencia llegar a Carhaix, a 12 kil\u00f3metros de distancia. Ya estamos aqu\u00ed y lo reconozco: la locomotora de vapor de la red bretona sigue presidiendo el puente de la estaci\u00f3n y reconozco las viejas casas con entramado de madera que Marie-Laure, Philippe y yo hab\u00edamos admirado, tambi\u00e9n bajo la lluvia. A las ocho y media hacemos un control y luego volvemos al pueblo para hacer algunas compras. Daniel elige una tienda de comestibles, yo la panader\u00eda, donde tengo que esperar un buen rato. Me como mis cruasanes de almendras cuando un periodista se acerca a charlar con Daniel. Este tiene problemas digestivos y est\u00e1 de baj\u00f3n, algo que no se le escapa al periodista de *Le Cycle*, que le entrevista y lo publicar\u00e1 en su peri\u00f3dico. Esta vez nos hemos demorado demasiado. Damos una breve explicaci\u00f3n al guardagujas del control por donde volvemos a pasar y tomamos el camino hacia Huelgoat. La carretera a orillas del Argent es magn\u00edfica, pero el chaparr\u00f3n que nos pilla es intenso. La subida al Roc\u2019h Trevezel es f\u00e1cil, y descendemos agradablemente hacia Sizun, donde comienza el circuito de Brest. Daniel se detiene un poco m\u00e1s adelante. Estamos en las alturas, el cielo est\u00e1 cargado, la hierba demasiado h\u00fameda; se nota que el fin de la tierra se acerca. Daoulas, Plougastel, Loperhet\u2026 Damos vueltas y m\u00e1s vueltas sin ver a\u00fan la rada de Brest. \u00ab\u00a1It\u2019s a long way!\u00ab. Por fin cruzamos el puente Albert Louppe, reservado a los ciclistas. La emoci\u00f3n es enorme. \u00a1Ya estoy aqu\u00ed! Brest y su rada se abren ante nosotros. Muchos se detienen y sacan fotos. Al otro lado del puente, el ciclista profesional Madouas nos hace, por casualidad, un peque\u00f1o gesto de saludo. El control de Brest es ruidoso, son las 12:54 y todos quieren comer. Estoy un poco decepcionado con nuestro tiempo en la ida, casi 32 horas, pero es el tiempo habitual de la 600 con dos horas m\u00e1s de sue\u00f1o; Gilbert est\u00e1 ah\u00ed y me dice que ha reservado una habitaci\u00f3n en Loud\u00e9ac. Prefiero un sitio m\u00e1s tranquilo y seguimos hasta Guipavas, donde encontramos un restaurante decente y acogedor. En la cuesta a la salida de Landerneau, me encuentro perfectamente bien, incluso muy bien. Daniel me lo recrimina un poco en Sizun, donde env\u00edo una tarjeta al presidente. Est\u00e1 un poco preocupado por el largo tramo de carretera desierta que nos separa de Carhaix. Nuestro \u00abamigo del tel\u00e9fono\u00bb me hab\u00eda elegido, sin duda, como samaritano. Vuelve a Carhaix para abandonar debido a problemas con el sill\u00edn. Le indico que vaya a la farmacia con una receta y tendr\u00e9 el placer de volver a verlo por Ma\u00ebl con una gran sonrisa. \u00ab\u00a1Funciona, vuelvo!\u00bb, exclamar\u00e1. Justo en la cima del Roc\u2019h Trevezel nos cruzamos con los \u00faltimos, que, a juzgar por sus grandes gestos, parecen saberlo. A las 18:00 horas, en Carhaix, volvemos a la tienda de comestibles, \u00a1donde Daniel arrasa con las existencias de zumos de fruta y miel! Charlo y consulto con un t\u00e1ndem mixto al que reconozco por haberlo visto en una foto del folleto de presentaci\u00f3n del Par\u00eds-Brest-Par\u00eds. Ya no hay tiempo que perder y devoramos los kil\u00f3metros con bastante rapidez. Queremos llegar a Loud\u00e9ac antes de que anochezca. En Corlay, sorpresa: St\u00e9phane est\u00e1 solo junto al t\u00e1ndem, que ha perdido la rueda trasera. Se les han roto los radios del lado de la rueda libre y Bernard se ha ido en un coche de asistencia oficial a Loud\u00e9ac para que se lo reparen. Perder\u00e1n mucho tiempo. Daniel, con la moral por los suelos, decide dormir en Carhaix. El tramo accidentado entre Corlay y Loud\u00e9ac es realmente magn\u00edfico. La puesta de sol ilumina con mil luces esta sucesi\u00f3n de montes y valles. Los pueblos siguen siendo tan animados y acogedores como siempre. Llegamos a Loud\u00e9ac al caer la noche, a las 22:07. Daniel se despide de m\u00ed para buscar un hotel, pero me promete que luego volver\u00e1 a la ruta. Yo continuar\u00e9 solo, con sus valiosos consejos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al principio va mal. Hace mucho calor en este autoservicio y el servicio de comida, abarrotado de seguidores, no avanza. Algunos ciclistas se quejan. Me quito la ropa y voy a sentarme al fresco en la terraza. Salgo de Loud\u00e9ac, prometi\u00e9ndome que en el futuro no volver\u00e9 a quedarme all\u00ed tanto rato. Este punto de control tiene su encanto, pero es un aut\u00e9ntico caldero. Ya no hay nadie en la carretera. De vez en cuando diviso un sem\u00e1foro en rojo a lo lejos. En un pueblo, el due\u00f1o de una cafeter\u00eda que nunca cierra pinta en plena noche una gran flecha indicativa \u00abP.B.P. Par\u00eds\u00bb en la calzada, ya que la se\u00f1alizaci\u00f3n de la A.C.P. no le satisface. Los vecinos insomnes siguen anim\u00e1ndome. En pleno campo, tres o cuatro adolescentes me ofrecen caf\u00e9. As\u00ed pasan su segunda noche esper\u00e1ndonos. Les doy las gracias: \u00abVosotros tambi\u00e9n form\u00e1is parte del Par\u00eds-Brest\u00bb. \u00abNos vemos dentro de cuatro a\u00f1os\u00bb, me dicen. Voy a buen ritmo, no me canso, no siento ning\u00fan dolor. Casi me da pena tener que parar en el control secreto de Qu\u00e9dillac. Son las 1:25; algunos ciclistas duermen al fondo de la sala; hay m\u00e1s controladores que participantes. Me confirman que voy por un \u00abagujero\u00bb de afluencia. Apenas me cruzo con dos motociclistas del equipo de asistencia que van y vienen. Mi objetivo, siguiendo el consejo de Daniel, es dormir en el internado de Tint\u00e9niac. Llego all\u00ed una hora m\u00e1s tarde por una carretera que sigue desierta. Los organizadores nos asignan camas en peque\u00f1as habitaciones seg\u00fan la hora a la que se despierte cada grupo. Me concedo tres horas de descanso, incluyendo ducha, afeitado y cepillado de dientes. A la hora se\u00f1alada nos despiertan. Conozco a mis compa\u00f1eros de habitaci\u00f3n, que se despiertan a duras penas y se quejan mucho. No pierdo el tiempo. Al amanecer me uno a dos ciclistas de Alen\u00e7on. Me dicen que vuelven a casa, que abandonaron en el trayecto de ida. La regi\u00f3n es bastante pantanosa y el amanecer resulta muy agradable por sus colores. En Sens-de-Bretagne encuentro una cafeter\u00eda en la esquina de una calle. All\u00ed desayuno. Al salir, veo el t\u00e1ndem de Bernard y St\u00e9phane en la puerta de la otra cafeter\u00eda, que est\u00e1 al otro lado de mi esquina. Los dos amigos ya han pedido. \u00bfSeguiremos juntos? Bernard me responde: \u00abVas a buen ritmo, est\u00e1s en forma; un Par\u00eds-Brest se termina solo\u00bb. Llego a Foug\u00e8res refunfu\u00f1ando, como todos, por un desv\u00edo inesperado que, para ahorrarnos seis kil\u00f3metros de la RN 12, nos obliga a recorrer kil\u00f3metros adicionales, una carretera a\u00fan m\u00e1s transitada, un desv\u00edo \u00e9pico por la ciudad y nos priva de las vistas del castillo. Sigo devorando caf\u00e9s y cruasanes mientras un ciclista me cuenta que ha pedaleado toda la noche hasta aqu\u00ed, pero que no consigue volver a ponerse en marcha. La carretera hasta Lassay se recorre con facilidad. Formamos un rato un peque\u00f1o pelot\u00f3n con una ciclista solitaria, unos ciclistas de Pontivy que cantan y un marsell\u00e9s de la salida de las 20:00, agotado, que se aferra para volver. Echo un vistazo a las torres de Lassay y vuelven las cuestas. Algunas son duras. El grupo se ha disuelto. Aqu\u00ed est\u00e1 Villaines-la-Juhel y sus vecinos, que nos aplauden. Son las 12:40 y voy a comer. En el autoservicio cojo todo lo que puedo, tengo hambre. Sentado a la mesa, calculo si podr\u00e9 llegar antes de medianoche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La carretera pronto se vuelve muy calurosa. El paisaje se abre a las collines del Maine, con sus campos de trigo segados y cercados. Vuelvo a encontrar el recorrido de la 600. Despu\u00e9s de Fresnay-sur-Sarthe, la carretera recta resulta mon\u00f3tona. Los moteros me ayudan a cruzar el concurrido cruce de La Hutte. Un poco m\u00e1s adelante adelanto a un ciclista que sali\u00f3 a las 20:00 (he reconocido el color de la placa del cuadro), que se esfuerza en la subida, sin mirarme. \u00a1Me echan la bronca! \u00ab\u00bfQu\u00e9 pasa, Gillou, ya no saludas?\u00bb Mi amigo Bernard Faucheux vuelve tranquilamente, pendiente del tiempo, pero con confianza. En lo alto de una cuesta, unos ni\u00f1os est\u00e1n encantados de ofrecer trocitos de chocolate; es un placer tanto para ellos como para m\u00ed. M\u00e1s adelante nos ofrecen alojamiento en un granero decorado con un mont\u00f3n de carteles pintados; esta noche seguro que habr\u00e1 interesados. Notre-Dame-de-Toute-Aide es una peque\u00f1a y encantadora iglesia rodeada de \u00e1rboles bajo los que duermen los ciclistas. Diviso a lo largo del arc\u00e9n un grifo donde lleno mi bid\u00f3n. \u00abNo te olvides de mojarte la gorra\u00bb, me dice un participante que pasa; claro que no, hace mucho calor y, para cuando la alcanzo, ya est\u00e1 casi seca. Entre Mamers y Mortagne, acelero el ritmo y me uno a un grupo numeroso. El viento es favorable, tengo el sol a la espalda, hace un tiempo espl\u00e9ndido y estoy muy animado. Llego a Mortagne a las 16:40. En el pueblo, me paso el d\u00eda en una panader\u00eda y luego voy a darme un fest\u00edn a la salida, en un talud a la sombra. Supero las colinas del Perche sin dificultad; de hecho, me encanta esta carretera ondulada, sinuosa y sombreada. Al final de un descenso, en una curva, la D.D.E. est\u00e1, desde que pasamos por all\u00ed a la ida, excavando la carretera para cubrirla con grava gruesa. Por la zona de Senonches, un italiano se pega a mi rueda, luego toma el relevo y seguimos acelerando. Me parece extraordinario que nos lo pasemos tan bien despu\u00e9s de tantos kil\u00f3metros. Pero no quiero ir por encima de los 40 km\/h durante mucho tiempo. Poco antes de llegar a Nogent-le-Roi, un participante que sali\u00f3 a las 20:00 y al que alcanzo se burla del \u00ablook retro\u00bb de mi bicicleta. Me doy cuenta de que sal\u00ed con \u00abmi bicicleta\u00bb nueve horas despu\u00e9s que \u00e9l. Nogent es un punto de control bastante tranquilo y la se\u00f1ora que est\u00e1 en la mesa me confirma que, de momento, no han visto a casi nadie. Llamo a pap\u00e1 para decirle que voy a llegar pronto; son las 20:06. Mi deseo de evitar una tercera noche parece a punto de hacerse realidad y me siento en plena forma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la salida de Nogent, la carretera est\u00e1 desviada por obras. Durante el desv\u00edo, un participante que dice ser de la A.C.P. insiste, de forma un poco agresiva, en que compruebe el itinerario en mi mapa, ya que cree que nos hemos perdido. Ahora voy en bicicleta con un canadiense que me cuenta sus impresiones sobre la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds. Todav\u00eda no sabe si est\u00e1 contento de haberla hecho. Cae la noche. En una cuesta muy empinada, un ciclista se cae en la subida. Nos explica que se hab\u00eda atascado con el cambio, que ya no iba lo suficientemente r\u00e1pido y que \u00a1se cay\u00f3! \u00a1Sin duda, algunos est\u00e1n muy cansados! Cuanto m\u00e1s nos acercamos, m\u00e1s parece alejarse la meta. Con la urbanizaci\u00f3n, damos vueltas en c\u00edrculo. Se oye una voz: \u00ab\u00a1Estoy harto de dar vueltas como un ovillo de lana!\u00bb. Se multiplican las rotondas, los badenes y los retrocesos para evitar los centros de las ciudades. Lamento no haber localizado la meta el domingo pasado. Tambi\u00e9n lamento no tener un mapa detallado de la zona. En Montigny, un coche que viene en sentido contrario nos indica que la meta est\u00e1 a dos kil\u00f3metros. \u00a1Y una mierda! Seguimos las se\u00f1ales. Atravesamos una zona industrial que nos da la impresi\u00f3n de haber bordeado ya. \u00a1Al cabo de un rato, se acaban las se\u00f1ales! Pregunto a un lugare\u00f1o que no sabe d\u00f3nde est\u00e1 la meta, \u00a1\u00e9l es de Montigny! Est\u00e1 al lado, pero no nos confundamos. El plano de la ciudad que preside el cruce es del mismo pueblo. Un ciclista pasa a toda velocidad y confirma que se reconoce. El canadiense y yo nos relajamos un poco. Por fin, la rotonda y los aplausos del p\u00fablico. Jean-Pierre Guillot calma r\u00e1pidamente mi mal humor al llegar. Entregu\u00e9 mi tarjeta a las 23:23. Pap\u00e1 est\u00e1 ah\u00ed charlando. Ya tenemos un Paris-Brest m\u00e1s en la familia. \u00abPierre Gros acaba de llegar\u00bb, me dice. El canadiense est\u00e1 encantado, el italiano tambi\u00e9n. He hecho la Paris-Brest-Paris y volver\u00e9 a participar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras cenar y pasar una noche corta en casa de mis padres, el viernes vemos en el Minitel c\u00f3mo llegan nuestros amigos: Bernard y St\u00e9phane, Daniel, Bernard Faucheux, Gis\u00e8le y Alain. Por fin ordeno mi bolsa del manillar y tiro el pastel de Overstim que ya no me sentaba bien desde el primer cuarto, pero que hab\u00eda guardado por precauci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El s\u00e1bado, junto con Marie-Laure, fuimos a visitar la abad\u00eda de Royaumont.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El domingo, por tel\u00e9fono, la \u00faltima palabra la tiene Daniel:<strong> <em>\u00abHas tardado 66 horas y 23 minutos, pero hablar\u00e1s de la Par\u00eds-Brest-Par\u00eds durante mucho m\u00e1s tiempo.<\/em><\/strong>\u00ab\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Gilles Bodin, CCC 3091 Mon envie de faire Paris-Brest-Paris n\u2019\u00e9tait pas nouvelle. Je me souviens des soir\u00e9es o\u00f9 Roger Outrequin et Papa parlaient, sans se lasser, tard dans la nuit, de randonn\u00e9es fantastiques et bien s\u00fbr de Paris-Brest-Paris. 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