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Bulletin de l'Amicale des Cyclos Cardiaques N° 166Ir a información

La saga Parpaillon

El Col du Parpaillon, Cabo de Hornos del cicloturismo - Jean-Pierre Cance CC n° 4778 - magazine n° 41, 2013

‘...Lo que podría haber sido un gran puerto alpino antes de la era del automóvil...’

Es una parte histórica del cicloturismo francés, ignorada durante muchos años por algunos cicloturistas. Este desconocimiento es inevitable, dado que los equipos de competición se utilizan a veces erróneamente para el cicloturismo y prohíben, o al menos limitan, el acceso a los pasos de mulas.

Sin embargo, el túnel tiene una historia notable, con cicloturistas franceses que lo visitaron en 1901, una vez construido. En 1903 y 1909, Paul de Vivie, conocido como Vélocio, el inventor del cicloturismo, cruzó el túnel del Col du Parpaillon con sus amigos, lo que dio al lugar el lugar que le corresponde en la historia del cicloturismo.

Le tunnel du Parpaillon a été construit entre 1891 et 1898 pour permettre la jonction entre les vallées de l’Ubaye et de la Durance… « Il a été ouvert par les troupes du Génie Militaire comme beaucoup de passages jalonnant la grande traversée des Alpes. La chance du Parpaillon est de s’être trouvé en concurrence avec le col de Vars permettant de relier les mêmes vallées mais ce dernier à une altitude inférieure de 500 m. Lorsque le goudron a fait son apparition, c’est tout naturellement que le col du Vars en a été gratifié ! Le col du Parpaillon est donc un des derniers témoins car non goudronné de ce que pouvait être un grand col alpin avant l’ère de l’automobile… » (Source : René Poty CC n° 530).

Tres amigos ciclistas, Régis el más joven, Luc el mayor y Jean-Pierre el más veterano, esperaron la ventana meteorológica adecuada para «atacar» el gigantesco Col du Parpaillon y su legendario túnel desde el lado sureste de Jausiers...

Le miracle météorologique s’est produit le mardi 29 juillet 2008. C’est à 5 h 45 que nos amis ont pris la route en direction de la Condamine-Châtelard, afin d’emprunter la petite route puis le chemin qui mènent au col. Soit 17,2 km de montée, 7,87 % de rampe moyenne, 10 % maxi, 1355 m d’élévation.

Es una subida dura durante los primeros seis kilómetros desde La Condamine antes de llegar a la Chapelle Sainte-Anne.

Après la chapelle, la route goudronnée se transforme en un affreux chemin de terre et surtout de pierres, tant il est défoncé par les 4×4, quads et motos tout-terrain. Nous avons même vu la tôle de protection d’une simple automobile… c’est dire l’état de ce chemin qui, depuis 1898, était reconnu comme un itinéraire tout à fait cyclable pour des bicyclettes de type ‘randonneuses’, y compris chargées de sacoches, pour l’autonomie, comme les nôtres… !

En la Oficina de Turismo de Jausiers descubrimos, sin más dilación, que esta ruta era un circuito negro de bicicleta de montaña y, por tanto, considerado muy difícil... y nosotros, con nuestras bicis y alforjas, cargados como mulas, estábamos en plena subida... todo hay que decirlo, casi siempre a pie.

Una vez alcanzado el túnel, a 2637 m, Luc cumplió su palabra desplegando la bandera tibetana sobre la entrada en apoyo a un pueblo oprimido...

Después de hacer muchas fotos, nos adentramos en el túnel con las luces eléctricas encendidas, pero con bolsas de basura en los pies para evitar que nos entrara agua en los innumerables agujeros que hay a lo largo de los 468 metros de travesía.

Au beau milieu du tunnel, nous avons dû nous coller à la paroi pour laisser passer un énorme 4×4 immatriculé aux States, aux six phares aveuglants, conduit par un cow-boy de 150 kg… Vous imaginez notre état d’esprit à ce moment-là !

Después de atravesar el túnel con relativa facilidad, subimos al «verdadero» collado (2783 m). A continuación, nos dirigimos al Col de Girabeau (2488 m) donde, después de comer, tuvimos que tomar la meditada decisión de regresar a Jausiers atravesando el túnel por segunda vez, ya que el tiempo se estaba volviendo amenazador y el camino estaba completamente roto, lo que nos hizo temer que nuestro equipo se rompiera. Nuestra excursión prevista de dos días, con vivac en el Col de la Coche, se pospuso hasta otra ocasión...

Nous avons cependant un grand regret, celui de ne pas être descendus jusqu’à Crévoux pour signer le Livre d’Or du Parpaillon. Nous avons préféré la prudence à la galère… savoir renoncer en montagne est une preuve d’intelligence responsable… ce sera pour une prochaine fois, peut-être !

Mais quel merveilleux périple au milieu d’une nature sauvage peuplée des marmottes… Aucun incident technique à déplorer grâce à l’utilisation d’un matériel adapté à la randonnée !

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