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Bulletin de l'Amicale des Cyclos Cardiaques N° 166Ir a información

La saga Parpaillon

Mes Parpaillons - Georges Golse, CC n° 124 Montauban (81) - revista n° 41, 2013

De un extremo del túnel al otro...
He tardado 33 años en descubrir los dos extremos del túnel del Parpaillon...

«¿Has hecho el Parpaillon? Sí, con Michel, hace 33 años, durante una estancia en Vars, en una bicicleta de carreras equipada con neumáticos tubulares.

¿Por qué fuimos allí? Por la leyenda, sin duda... el libro de visitas que no vimos, el cigarrillo que no encontramos*, el hielo, la nieve, el barro, los agujeros, los charcos del túnel que yo no vi porque no lo recorrí a pie, en bici o a tientas, sino acurrucado en el asiento trasero de un R6.

A día de hoy, lo que me queda es el recuerdo de una larga escalada por el bosque, abriéndonos paso entre las piedras, zigzagueando, jadeando con una marcha que nos quedaba grande; una escalada interminable que terminaba frente a la boca abierta del túnel, que exhalaba un aire helado y en el que mi compañero de viaje hacía tiempo que había desaparecido. Es cierto que me excedí un poco en la descripción del túnel... Debo admitir que tengo un santo horror a estas cosas oscuras.

En esta mañana de septiembre de 2012, salimos de nuevo al otro lado del Ubaye, por la vertiente de La Condamine. La bicicleta de montaña que hemos elegido para rodar está un poco fuera de lugar en la carretera que asciende tranquilamente a lo largo del Ubaye, cuyo valle se estrecha poco a poco. Más adelante, a nuestra izquierda, una iglesia ya disfruta del sol. Nos adelantan grupos veloces, pero dudo que volvamos a verlos. Fuertes y cuarteles ocupan posiciones estratégicas, frente a la amenazadora Italia del siglo XIX.e siglo XIX. La carretera del Parpaillon fue concebida para desempeñar el mismo papel estratégico, abasteciendo a estas fortalezas de hombres, alimentos y material desde el alto valle del Durance. Los soldados han sido sustituidos por esquiadores, y ahora ellos -y nosotros- disponemos de una gran ruta turística hacia la estación de Sainte-Anne. Otra época, otra estrategia. La superficie es buena, la pendiente un poco dura. Al frente, otro ciclista. Es el Cent Cols que conocimos ayer con su mujer en las pistas de La Cayolle y a quien confiamos nuestro proyecto. Sabía que no estaría solo cuando fuera a elegir el Col y su noble vecino, el Girabeau.

El final del asfalto. Un alto árbol da un poco de sombra a la capilla de Sainte-Anne, blanca y elegante, con su única campana en un modesto campanario. La fuente y su caño excavado en una rama curva, los últimos bidones de agua fresca...

Le Parpaillon, c’est maintenant. Yes we can ! Slogans de campagnes, promesse d’une belle journée de vélo en montagne. Le chemin est bien large, caillouteux mais sans plus, les montagnes à notre droite, abruptes et dénudées, quelques arbres s’accrochent désespérément sur les pentes les plus hospitalières, la température s’élève. En contrebas, le ruisseau du Parpaillon, bien modeste en cette fin d’été, serpente au milieu de son lit de pierres. Nous franchissons un de ses affluents au pont de Bérard, un pont de bois posé sur de solides troncs. La borne placée nous informe que nous sommes à 1841 m et à 9,995 km du tunnel. Donc, en étant moins précis, il nous reste 10 kilomètres à 8 % de moyenne.

Nous roulons à l’ombre de la forêt de mélèzes, un troupeau de brebis répond à l’appel du berger, encouragé par les aboiements du chien de service, scène pastorale paisible. La route flirte avec une courbe de niveau, derniers instants de répit. En pleine lumière, un pont de bois sur un soubassement de pierre, le torrent est à sec… Les cabanes de berger rappellent la présence humaine dans le décor maintenant nu que domine le Grand Parpaillon. Face à nous, un large vallon que sillonnent des sentiers et le souvenir du ruisseau du Parpaillon. Parpaillon, Parpaillon… c’est la marque repère du coin ! M’est avis qu’aujourd’hui, le pique-nique les fesses dans l’herbe tendre, la bouteille au frais dans l’eau bondissant du torrent, la sieste à l’ombre, faut oublier ! Ce sera casse-dalle, eau tiédasse, rocher rugueux, poussière du chemin et soleil généreux.

La parada será efímera, lo serio aún no ha empezado de verdad, y sin embargo llevamos horas de camino, la leyenda está ganada, la leyenda, no de siglos sino de horas... »pixelo» a mis compañeros que van a buscar otro puerto y me dejan con la pendiente, las rocas, las fotos, mis pensamientos... la soledad del corredor de fondo y su dudoso spoonerismo.

Con la mirada, oteo la cresta en busca de la muesca que marca el paso geográfico; está en algún lugar, muy arriba, más alto que los cordones que se acercan lentamente a costa de muchas vueltas de biela, muchos golpes imperceptibles o más violentos del manillar destinados a mantener el equilibrio... ¡uno se pregunta si hace falta haber asistido a la escuela de cicloturismo o a la de circo! Aquí, hay que dar un empujón más enérgico, acelerando el pedaleo para superar un bache o evitar una roca inestable. Allí, la pendiente se acentúa y hay que ‘luchar’ con los pedales, como decimos en casa. Y siempre este paisaje sin vida aparente, el silencio que a veces llega a perturbar el paso de un vehículo, pastor en faena o parásito en 4×4 que también quiere su parte de Parpaillon, y ¿por qué no el Mont Blanc en helicóptero? Recuerdo a las decenas de participantes en el rally del Parpaillon, que partían de Gap en simples randonneuses, de paso tras una larga jornada de esfuerzo... el cicloturismo ha cambiado mucho.

Des réflexions, des cailloux, des coups de pédales, oui, mais d’entrée du tunnel, point ! Et pourtant, elle est là, quelque part, derrière un virage. La vue se dégage vers l’est, de hauts sommets enneigés apparaissent, sont-ils italiens, français ? La piste se fait plus rectiligne à flanc de montagne. Tout au bout, un virage à gauche, je sens l’approche du but. Et voilà qu’apparaît la plateforme à l’extrémité de laquelle se dessine le trou noir de l’entrée du tunnel. Non pas un vulgaire trou ouvert dans la montagne, mais un trou enchâssé dans un élégant mur de pierre, un ouvrage d’art… N’empêche qu’au-delà, c’est la gueule béante du tunnel qui exhale un air glacé et dans laquelle ont, depuis longtemps, disparu mes compagnons de route (relire le début de texte !). Des plaques scellées dans le mur rappellent le nom des personnalités militaires qui ont contribué au percement du tunnel… j’ai une pensée pour les ouvriers civils et militaires qui se sont tapés le boulot à coup de pioches et de pelles. Quelques ruines de bâtiments, un ouvrage inutile que vont emprunter quelques casqués juchés sur leurs quads pétaradants, verrues anachroniques.

Es hora de volver a partir con calma, de bajar a tierra. Cerca de la capilla, la fuente sigue fluyendo, su chorro más o menos abundante llena constantemente el abrevadero excavado en el tronco de un árbol.
Nos reagrupamos todos y nuestra siguiente parada fue, por supuesto, en otro abrevadero de 25 cl en la terraza de un café de Barcelonnette, donde nos conocimos mejor. Algunas páginas de Le Chauvot fueron el tema de nuestra conversación.

¡*Lea el artículo de Raymond Henry ‘Une cigarette comme témoin!’
(Cyclotourisme, revista de la FFCT, nº 619, diciembre de 2012).

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